Un vestidor puede ser pequeño y funcionar perfectamente, o grande y ser un caos. El tamaño importa menos de lo que se cree. Lo que importa es si la distribución responde a cómo se usa realmente.

La clave está en dividir el espacio en zonas que tengan lógica para quien lo usa: no por tipo de prenda, sino por momento de uso.

Las zonas que no pueden faltar

Zona de uso diario: ropa de trabajo o de uso habitual, fácilmente accesible. Zona de uso ocasional: ropa de eventos, temporada, viaje. Zona de accesorios: organizada por tipo de accesorio y frecuencia de uso. Zona de entrada y salida: para lo que se lleva puesto y lo que vuelve del día.

El detalle que marca la diferencia

En un vestidor funcional, la decisión de qué ponerse no se toma mirando al armario. Se toma la noche anterior o en quince segundos por la mañana. Ese es el estándar al que apuntar.

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